Samsung presentó el miércoles en Londres sus primeras gafas inteligentes, las Galaxy Glasses, construidas con Gemini AI y desarrolladas junto a Gentle Monster y Warby Parker.
El anuncio es relevante, pero no por el hardware: la verdadera noticia es que la privacidad en gafas inteligentes con IA vuelve a quedar sin resolver justo cuando un segundo fabricante masivo entra al mercado. Para cualquier empresa que evalúe adoptar estos dispositivos en su operación, el problema no es la batería de nueve horas. Es que nadie —ni Meta, ni ahora Samsung— ha resuelto cómo avisar a un tercero que está siendo grabado.
Qué anunció Samsung en el Unpacked de Londres
Las Galaxy Glasses corren sobre Android XR de Google, usan el chipset Snapdragon AR1 Gen 1 y prescinden por completo de pantalla: toda la interacción ocurre por voz, sensores táctiles en la montura y, eventualmente, gestos vinculados al Galaxy Watch. La cámara Sony IMX681 de 12 megapíxeles envía datos visuales a Gemini en tiempo real a través del smartphone vinculado, que funciona como el verdadero “cerebro” del dispositivo.
La batería rinde hasta nueve horas por carga, con siete recargas adicionales desde el estuche. Samsung, según información filtrada antes del evento por Roland Quandt de WinFuture —no confirmada oficialmente por la compañía—, apunta a un lanzamiento en otoño de 2026, con un precio estimado por analistas de mercado entre 379 y 499 dólares. Ninguna de las dos cifras es oficial todavía.
| Aspecto | Galaxy Glasses (Samsung) | Ray-Ban (Meta) |
|---|---|---|
| Cámara | 12MP, LED de grabación, se apaga si se bloquea | 12MP, LED de grabación |
| Asistente de IA | Gemini + Bixby | Solo Meta AI |
| Retención de datos de voz | No revelada | Hasta 1 año, sin opción de exclusión total |
| Ecosistema de seguridad | Samsung Knox | App Meta View |
¿Por qué la privacidad en gafas inteligentes con IA es el verdadero lanzamiento?
Aquí está el problema que Samsung heredó sin pedirlo: un dispositivo que se ve como un par de anteojos comunes no le avisa a nadie a su alrededor que está siendo grabado, a diferencia de un teléfono sostenido en la mano.
Ambos fabricantes incluyen un LED indicador, pero es una solución que ya demostró ser insuficiente: la mayoría de las personas no reconoce su significado ni lo distingue con claridad a plena luz del día.
Kleanthi Sardeli, abogada de la organización europea de derechos digitales NOYB, fue directa al respecto: las gafas inteligentes con inteligencia artificial plantean desafíos considerables de privacidad, centrados en el uso de datos personales para entrenar modelos y en la falta de transparencia hacia terceros cercanos. No es una advertencia teórica. Es exactamente el terreno donde Samsung está a punto de competir sin haber revelado todavía su propia política de retención de datos.

El precedente que Meta dejó y que Samsung no puede ignorar
Meta ya pagó el costo reputacional que Samsung intenta evitar.
En un reportaje publicado por TechCrunch se documentó que la compañía actualizó su política de privacidad en abril de 2025 para activar por defecto las funciones de IA con cámara, eliminando la opción de excluirse del almacenamiento de grabaciones de voz, que ahora se conservan hasta un año para entrenar modelos.
A eso se sumó una demanda que alega que trabajadores contratados en Kenia para entrenar los modelos de Meta revisaron momentos íntimos capturados por usuarios sin su conocimiento. Dos estudiantes de Harvard, además, demostraron que el metraje de las Ray-Ban Meta podía vincularse con sistemas externos de reconocimiento facial para identificar extraños en público.
Samsung, por ahora, no arrastra ningún escándalo equivalente. Pero comparte el mismo hardware de vigilancia —la misma cámara de 12 megapíxeles, el mismo chip, el mismo LED insuficiente— sin haber revelado todavía qué hará con los datos que capture.
¿Quién asume el riesgo cuando el dispositivo no avisa que está grabando?
Para un director o dueño de empresa, la pregunta no es si va a comprar unas Galaxy Glasses para su equipo de ventas o su fuerza de campo.
Es qué política interna necesita antes de permitir que alguien las use frente a clientes, proveedores o empleados que no dieron consentimiento para ser grabados.
El profesor Iain Rice, especialista en IA industrial en Birmingham City University, advierte que los marcos regulatorios actuales no fueron diseñados para herramientas de vigilancia en tiempo real con IA.
Eso incluye reconocimiento facial integrado, emparejamiento automatizado de identidades y generación de deepfakes a partir de metraje capturado en público. Si tu empresa opera en la Unión Europea, además, estas grabaciones caen bajo la categoría de datos biométricos personales según el GDPR, lo que implica obligaciones estrictas de aviso y consentimiento que muy pocas políticas corporativas de dispositivos ya contemplan.
La ventaja competitiva que Samsung puede ofrecer no es el diseño ni la batería. Es la transparencia que todavía no ha mostrado. Mientras no lo haga, cualquier empresa que adopte este tipo de hardware debe asumir que el riesgo legal y reputacional no lo carga el fabricante: lo carga quien trae puestas las gafas.
Este tipo de decisiones —qué tecnología adoptar antes de que el marco legal se ponga al día— es justo lo que abordo en mis conferencias de inteligencia artificial para directivos que necesitan anticiparse en lugar de reaccionar. Y si quieres seguir el resto de este debate conforme se desarrolle, sin filtro corporativo, en la lista de mail encuentras el análisis completo antes que nadie.
La privacidad en gafas inteligentes con IA no se va a resolver con un LED. Se va a resolver cuando alguien —Samsung, Meta, un regulador— decida que el diseño discreto no puede seguir siendo la excusa para la falta de consentimiento.
Hasta entonces, quien decide meter este hardware en su empresa está decidiendo también quién asume el riesgo cuando algo salga mal. Para más contexto sobre cómo estas decisiones tecnológicas están redefiniendo el trabajo diario, puedes revisar este análisis sobre el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo.
Supervisado por Santiago González y Musi.


